2. La mano que mece la cuna
Mi primer recuerdo Disney proviene de esta película. Tendría yo 4 o 5 años cuando mi padre se decidió a comprarnos un reproductor grabador de VHS. En la tienda donde lo compramos, como obsequio, nos regalaron la que fue nuestra primera cinta de vídeo "Mary Poppins" y me pasé semanas viéndola una y otra vez. Muchos de vosotros, al igual que yo cuando era pequeño, la veréis como una película sobre una niñera mágica que a cualquier niño nos gustaría tener, pero hoy os quiero mostrar lo que se ve "Desde el otro lado del espejo" con solo una premisa ¿Dejaríais a esta mujer al cuidado de vuestros hijos?
"La infancia es la dulce fuente
El poder mana de la belleza
La primera señal de la madre para guiar los torrentes
De aquellas almas que inquietas crecen
Crecen para el bien o para el mal
Encauzadas a la luz o arrojadas al mal
Pues la mano que mece la cuna
Es la mano que domina el mundo"
Este poema del estadounidense William R. Wallace sirvió de guía para la película de 1992 que lleva el mismo título de esta entrada. En este escalofriante thriller una mujer decide contratar a una niñera para que cuide de sus hijos, sin saber que esta la único que busca es venganza y decide arruinar su vida como su jefa antes lo hizo con la vida de ella.
Este es el mismo caso que los señores Banks salvo que Mary Poppins no busca venganza, pero ¿es la más adecuada para cuidar a los pequeños Jane y Michael? ¿Es ella la verdadera causante del cambio que la familia da a lo largo de la película? Repasemos varios aspectos de este magnífico filme para intentar dar respuesta a estas preguntas.
Lo que siempre me ha gustado de esta cinta es la magia que transmite en cada uno de sus fotogramas, pero su protagonista siempre me ha causado sentimientos encontrados. Comencemos por el principio: la forma en la que consigue el trabajo. En estas épocas de crisis, sobre todo en España donde la tasa de paro es altísima, a todos nos gustaría espantar a los candidatos a obtener el trabajo que queremos gracias a una ráfaga de viento. Comprendo que es muy graciosa la escena de las viejas volando por las aires mientras dan vueltas o se las ve el refajo cuando se les levanta el vestido, pero si os pusierais en su situación no os haría ninguna gracia. Sin competencia alguna, Mary Poppins entra decidida en la casa de los Banks. Aturde a su futuro jefe sacando las condiciones que el había roto y que sus hijos escribieron y ¿en algun momento sale de la boca de George la frase "está usted contratada"? Yo no la oigo, pero ella ya se establece su sueldo, el tiempo que va a trabajar y sus días de libranza. Eso en mi tierra se llama tener mucho morro.
Todos estamos de acuerdo en que Mary Poppins es una "maga" pero yo cambiaría en este adjetivo la m por una v porque para mí es una "vaga". Primero no es comprensible que una persona que va de digna y bien educada suba las escaleras arrastrándose por la barandilla, para los niños será muy divertido y para las criadas, ya que la niñera va limpiando todo a su paso con su pandero, solo faltaría que la pegasen una mopa atrapa polvo en el culo y podría dejarlo todo más brillante que la patena, pero si vieramos a una persona haciendo eso por el metro lo primero que pensaríamos que está mal de la cabeza. Y limpiar la barandilla con su pompis mientras va sentada puede, pero cuando es hora de limpiar el cuarto de los niños usa el simple chasquido de sus dedos. Ya sabemos que la norma de Mary Poppins es la ley del mínimo esfuerzo.
Ahora quiero que os fijéis en el estado psicológico de la pobre. ¿Dejaríais a vuestros hijos con una mujer que le habla a los animales, les dice "Jesús" cuando estornudan, tiene conversaciones con su paraguas como si fuera su Pepito Grillo particular o que piensa que su reflejo del espejo le hace los coros en sus canciones y encima se ofende cuando su reflejo canta mejor que ella? Yo creo que el loquero que viene a por el padre de Bella en "La Bella y la Bestia" le haría un hueco en su manicomio.
Lo que nunca he entendido son los aires de digna y gran señora que se gasta la señorita Poppins. Cuando está dentro de un cuadro o por los tejados con los desollinadores parece la mujer más divertida y feliz del mundo, pero en otros ratos es la mujer más seca y seria con la que te puedas cruzar. No solo niega las aventuras que pasa con los niños, sino que cuando están tomando el té volando por las aires sabe como ponerlos tristes a todos para bajar. Yo nunca la invitaría a una fiesta porque sería la típica que te la chafa.
Además es una mujer que sabe usar sus artes y su labia para conseguir lo que quiere. No es normal que use la caballerosidad para ganar una carrera de caballos y después se haga la falsa humilde cuando le dan halagos. Tampoco es normal la forma en la que engatusa con canciones al señor Banks para que se lleve a los niños al banco y así cogerse ella un día libre. Menos mal que está soltera, si estuviera casada necesitaría a un marido calzonazos que la aguantara. Ese solo bailando que se da en los tejados es típico de una mujer que solo sabe llamar la atención y quedar siempre por encima de los demás. Sabemos que sabe hacer magia ¿pero es necesario que muestre su superioridad ante todo el mundo? Siempre me ha dado escalofríos cuando en ese baile se pone a dar vueltas y su cabeza gira como si fuera la niña del exorcista.
Después de este pequeño traje que le he hecho a la pobre Mary quiero fijarme en dos de mis personajes favoritos: El primero es el perro Andrus. Pese a ser un animal, está presente con gran acierto en partes fundamentales del filme, como cuando es el único que espera en la puerta cuando entra Mary Poppins y se marcha desolado cuando Helen le dice "el puesto ya está ocupado". Y también cuando guía a los niños y a su niñera a casa de tío Albert. Por cierto, la forma en que Mary le despide es demasiado grosera, lo bien que se lo hubiera pasado el perro riendo y tomando el té por los aires.
Y ahora hablemos de la pieza fundamental en el puzzle que compone este largometraje, Bert. Este simpático hombre de mil trabajos protagonizado por Dick Van Dyke, no es solo el denominador común en toda la cinta, sino que para mi gusto es la persona que realmente motiva el cambio que la familia da durante la estancia de Mary Poppins. Dos de sus conversaciones son impresionantemente buenas y yo creo que se podrían usar en cualquier clase de psicología familiar. Cuando los niños huyen espantados del banco por no dar sus peniques, se encuentran con Bert y aprenden una de las lecciones más importantes de su vida, que ni siquiera Mary Poppins les da: Ponerse en la pie del prójimo. Ellos ven a su padre como un ogro o como una persona que no los quiere. Sin embargo, Bert les hace ver las cosas desde el punto de vista de su padre. Una persona que se tiene que sacar sola las castañas del fuego y que no tiene ningún apoyo, llevando la responsabilidad de su familia.
Pero sinceramente, la conversación que mantiene con el Señor Banks cuando le despiden da una clase magistral de psicología inversa. ¿Cómo puede un hombre de su posición y oficio preocuparse por los sentimientos de sus hijos? Para eso tiene una niñera, ¿no?". Simplemente brillante. Es el click que ambas partes necesitaban para formar la familia feliz que muestran ser cuando finaliza la película.
Solo espero que no me odiéis y que penséis que este es solo un punto de vista que podéis compartir o no. Espero que dejeís vuestros comentarios y que debatamos sobre estas reflexiones. La próxima semana más.